Otro café

Escrito el 20 de Marzo de 2010 a las 0:53. Sin comentarios

pasion

Esta tarde tomé un café. Yo suelo tomar café así que ésto no sería algo de qué hablar si no fuera porque se pareció al otro café. Ése otro café, el de la otra mañana, me llevó a una noche oscura en un escenario iluminado por un puñado de velas, en el que los protagonistas son mis deseos, ella y yo somos los espectadores y el telón de fondo es…, bueno, el telón de fondo podrían ser muchos lugares, algunos vividos y otros soñados.

Pero esta tarde me he tomado un café a la dulce medialuz de la tarde, con pocas nubes y con la sensación de que alguien está meciendo el planeta con la brisa, y así embriagarme de sueño mientras apagan la luz y me silban suavemente a los oídos. Estaba solo, así que no me importó mirar por la ventana y apoyarme en el respaldo de la silla, liarme un cigarrillo y rodearme de humo. A través de las neblinas bajas y espesas, casi tan espesas que se podrían apartar con la mano como si fueran cortinas de vapor, anduve curioso y emocionado, sin saber porqué. Llegué frente a una chimenea encendida y caliente, en un amplio salón dominando una casa perdida en alguna sierra, y también me bañé en una playa de noche, con la luna brillante y soberbia. Llegué a muchos lugares, muchas habitaciones, muchos rincones, cimas de montañas y paraisos perdidos, sin saber porqué.

Hasta que di cuenta que, en todos ellos, sin excepción y sin sorpresa, estaba enredado en un poderoso toberllino de sudor, besos y tensión a punto de estallar.

Pagué el café, recogí mis cosas y me marché. Y aunque más tarde hablé en público de un cuento extraño y algo febril, y sintiéndome orgulloso de los aplausos recibidos, del buen hacer y de otras cosas, pensaba que no había mejor cuento que el del café de apenas una hora antes.

Y es que, a veces, el café me envuelve en un manto de vapor para ocultarme ése deseo profundo, y hacerme esperar, provocar que lo busque, despertar mi pasión, y finalmente descubrirte una y otra vez bañada en mi cuerpo.

Olla expréss

Escrito el 19 de Marzo de 2010 a las 15:11. Sin comentarios

discusion

Recuerdo a aquel muchacho. Era algo enclenque y las manos no paraban de sudarle a poco que cualquiera le hablara. No era alguien estúpido, o raro, por lo que no era objeto de burla como lo son quienes parecen débiles. Más bien era alguien pacífico, tranquilo, de esa tranquilidad que reposa siempre como el aceite frio, con un vaso de paciencia tan grande que por mucho que se llenara siempre quedaba una cuarta más. Así nunca perdía los papeles.

Un día se cansó. Dejó el vaso a un lado y permitió que las gotitas cayeran directamente al suelo. No dio tiempo a que tan siquiera se derramara el agua porque enseguida empezó a salpicar y perdió los papeles al instante. Todos quedaron sorprendidos, tan sorprendidos que se preguntaron cómo era posible. Algunos se preocuparon, imaginando que alguna locura se había apoderado de sus pasiones. Otros, los más, acabaron por concluir su demencia y dejaron de llamarle, de buscarle, y le dejaron hacer lejos. Unos pocos, los menos, se parecían tanto a él que le permitieron hacer, sin recriminar y mirando al suelo.

Pero a él ya no le importaba. Sabía que había firmado su muerte, tal como solía ocurrir con los que levantaban su voluntad por encima del gris de aquella cárcel.

Café

Escrito el 16 de Marzo de 2010 a las 20:29. 2 comentarios


cafe

Estaba tomando café y, aunque el café te lleva siempre a estar despierto, a veces ese despertar te lleva a imaginarte las noches. que gusta recordar De ahí a tener algo de música relajante, con el volúmen rebajado, casi imperceptible, una cena pícara cocinada con tranquilidad y muy estudiada, con tan solo la luz  de un puñado de velas repartidas por los muebles, el suelo y las esquinas, y dejarse llevar…, con tiempo, sin prisas ni esperas, dejarse llevar por los olores de un incienso suave y profundo, por una noche oscura y azul, enigmática, por la luz mortecina de las velas esparcidas…, dejarse llevar hasta que la noche desaparece, hasta que la música cesa y las velas se apagan por sí solas, derretidas y olvidadas, y donde ya tan solo es el deseo el que te arrastra en la dulce oscuridad del sabor amargo del café.

Así me llevó el café de esta mañana, subido a lomos de un deseo que siempre descansa en tu piel.

Campanazos

Escrito el 16 de Marzo de 2010 a las 0:35. Sin comentarios

**Uhmm, qué pedir, qué pedir… Solo una vez al año, ains…

DONG

**Ya ha empezado, no tengo suficiente con comerme las uvas que además tengo que pensar un deseo…

DONG

**Sé realista. Pide que este año tengas dinerillo, que te entre, que eso quita muchas penas macho. Con lo dificil que tienes ahora las cosas te viene bien. Vaya, qué guapa está esta noche.

DONG

**No, no, que si solo viene dinero a lo mejor no haces nada de nada, y el año que viene, ¿qué? Ni mejoras en tu trabajo, en los estudios, en las cosas que tienes que aprender.

DONG

**Sí, creo que será mejor que me salgan bien las cosas en que ando metido. Prácticamente todo dependen de eso y, además, yo he… ¡Uy, que se me escapa la cuarta uva!

DONG

**Debí tomarme mi tiempo mientras cenábamos para pensalo, y estas uvas que no se acaban, ñam, ñam, ñam, ñam, ñam, ñam, ñam… Uhmm, qué guapa está esta noche.

DONG

**Éso es. Que te salgan bien los exámenes, los trabajillos, tus responsabilidades. Eso dá sus frutos y uno de ellos es el dinero, pero sobretodo porque te sentirás mejor.

DONG

**Glup. Creo que se me acumulan las uvas en la boca. Nada, mastica tio, mastica, que no llegas y no estamos para perder oportunidades de que salga todo bien.

DONG

Ñam, ñam, ñam, ñam, ñam, ñam, ñam, ñam, ñam, ñam, ñam, ñam, ñam, ñam, ñam, ñam, ñam, ñam, ñam, ñam, ñam, ñam, ñam, ñam, ñam, ñam, ñam.

DONG

**Qué guapa está esta noche. Uhmm…

DONG

**…

DONG

**Deseo que ella se quede a mi lado.

DONG

**Ñam.

Noches

Escrito el 15 de Marzo de 2010 a las 4:55. Sin comentarios

Esta noche he empezado una novela. Aún no sé de qué trata, pero la he empezado. Ultimamente hago muchas cosas así, sin saber los motivos, comenzando cosas y esperando, con la paciencia que da el cansancio, que en algún momento descubra el porqué oculto. Realmente no sé el motivo, pero desvelado y con las pupilas hechas a la noche, me he incorporado de la cama, he encendido la luz, me he sentado frente al teclado, me he restregado los ojos y me he puesto a escribir. Lo parece, pero no es algo poético o bucólico.

Y el cansancio va llegando, y con él también llegan los porqués. Y habiendo empezado de nuevo algo más, descubro, con una veintena de A4 de escritura mediocre, mal encajada y sin mucho que decir, que si estoy levantado a las 4:00 de la mañana escribiéndo sin saber porqué, es porque, como todas las noches, te echo de menos.

De súbito

Escrito el 14 de Marzo de 2010 a las 18:05. 2 comentarios

Vino de madrugada. Aquello me extrañó porque no era nada habitual. Guardé mi impaciencia y la invité a entrar, meditativo, dormido y curioso. Preparé un café y nos sentamos en la mesa del salón que da a la terraza. Parecía un buen sitio para esperar a que amaneciera y charlar en esas horas frías. Reposé la espalda en el amplio sillón orejero y mientras me contaba su vida, su historia y porqué había venido tan repentinamente, yo contaba las gotas de rocío que se iban formando en el ventanal y que acababan por caer al suelo. Parecía que lloviera y, sin embargo, fui incapaz de descubrir una sola nube en el cielo. Desde entonces no ha vuelto a hablarme, como si al salir el sol quedara callada, petrificada, necesitando para vivir tan solo que yo me percate que me sigue a todas partes.

Así fue cómo dejé de ser niño, la noche en que me interrumpió, entre el espeso rocío y el calor de mi cama, la tristeza.

Entre amigos (VIII)

Escrito el 12 de Marzo de 2010 a las 18:05. 2 comentarios

-Tío, no sé qué pensar.
-Grrr.
-Ya veo.
-Slup, slup.
-Es decir, que quieres que me atreva.
-Grrr.
-Uhmm, pues sí, me atrevo.
-No, mejor es lo que dices, con calma.
-Guau, guau, guaugrrr, slupgrrr ehemmm, ejem, cof cof, eeeuuuooo perdona que te diga tronco, pero yo soy tu perro, y a lo más que puedo llegar es a acompañarte al psicólogo babeando.
-¡Coño, mi perro habla!
-No, es solo que estoy hasta los cojones.
-Me lo cuentan y no lo creo.
-Ains, que vida más perra. ¡Guau!

Imagenes

Escrito el 12 de Marzo de 2010 a las 17:58. Sin comentarios

Cosas de los blogs.

Si no veis imagenes no es porque no quiera ponerlas, es porque tengo un problemita con la herramienta de edicion que no me deja subir archivos de imagen.

Pero no, eso no detendrá esta buena orilla.

Paseando mientras paseo

Escrito el 12 de Marzo de 2010 a las 12:49. 2 comentarios

A veces paseo solo, y pienso. Pienso en muchas cosas, pero en el fondo, son siempre lo mismo. Puede que resulte egocéntrico pero es lo que pienso. O lo que imagino. O lo que invento. Son escenas privadas que normalmente me guardo para mi, salvo cuando apoyo la cabeza en la almohada, o cuando la apoyo en la arena de la playa.

Sí, a veces paseo solo, y pienso. Pienso que ocurrirán algunas cosas, que me están ocurriendo en ese instante, que han ocurrido y me están esperando, inmóviles, envueltas en cristales bañados de rocío tempranero. Esas cosas que ocurren rara vez me alegran por dentro, como si me echara una manta por encima del corazón, abrigándolo mientras lo mezo.

Paseo solo, algunas veces, y entonces pienso en colores. Hay días que pienso en azul, tintada la memoría de azul nocturno, algo frío y muy lejano. Otras pienso en violeta cuando aparece algo de calor y me veo reflejado en esos ojos. O en rojo, cuando no pienso en mí, cuando no soy yo el protagonista de mi deseo.

A veces paseo solo, y pienso. Caigo en la cuenta de la hora que es, y cojo el autobús o acelero el paso para hacer lo que tengo que hacer. Aparto algunas imágenes, otras las retengo, las guardo, y sigo.

A veces pienso cuando dejo de pasear, y pienso que, a menudo, paseando o sin pasear, me gusta pensar en ti.

Eclipse

Escrito el 11 de Marzo de 2010 a las 18:27. 2 comentarios

Normalmente él la seguía a ella. Casi siempre era así, porque casi siempre hacían el uno y el otro lo mismo todos los días. Una rutina rutinante, monótona, como todas las rutinas. Ella salía a pasear por las noches, guiñándo un ojo a quién se la cruzara porque siempre fue muy divertida. Los hubo que creyeron ver en sus paseos una insinuación, pero él, que siempre la seguía, sabía que nunca llegarían a nada porque ella era para él. Y así la seguía cada noche, persiguiéndola, dando vueltas y más vueltas para alcanzarla sin conseguirlo nunca, porque ella, divertida como era, nunca se dejaría. Llegó a pensar que no la alcanzaría jamás mientras la seguía, viéndo como se alejaba, perdiéndola de vista, y así se dejaba llevar mientras dejaba de seguirla. Y la dejó marcharse, perdiéndola de vista, porque aunque la brisa lo llevaba tras ella, él había abandonado su propósito y el viento comenzó a seguirla, engañado por sus ojos divertidos, arrastrándolo consigo. Pero el viento tampoco consiguiió mucho más, y una vez más ella se perdió en el horizonte, y él, montado en el viento, ambos abrazados, se dejaron llevar.

Luego pasaron unos milenios, y a sus espaldas apareció ella, fugaz, cómica y divertida. Ellos se seguían dejando llevar porque no se dieron cuenta, pero ella, sigilosa, se acercó tanto que llegó a tumbarse encima de él durante unos segundos. Él se despertó, la ansió, pero ella ya había reanudado su danza y él, de nuevo, comenzó a seguirla como el primer día, renovado el empeño de cumplir el destino que se había fabricado para sí mismo.

Cuesta creer que desde aquí abajo no nos acabemos de creer que el sol y la luna son como dos niños cabezotas y juguetones.